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EL COMANDANTE DE PUESTO DE LA GUARDIA CIVIL

Esta es su Historia. El verdadero Pilar del Cuerpo desde 1844.

La figura del Comandante de Puesto de la Guardia Civil es clave para entender el singular funcionamiento del Instituto Benemérito y su continuidad durante ya casi dos siglos. Esta es su historia y su singladura.

Primeras referencias escritas sobre el Comandante de Puesto.

Corría el año 1844 cuando el Excmo. Sr. D. Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II Duque de Ahumada, creo por Orden de la Reina Isabel II, un Cuerpo de Guardias Civiles destinado a combatir a los malhechores.

Decidió el Duque establecer una nueva figura, hasta ese momento inexistente, que estaba destinada a tomar el mayor protagonismo dentro de la nueva fuerza pública. Se trataba del Comandante de Puesto. Estos serían los responsables de los distintos cuarteles que empezaban a brotar en los campos de España. A sus creación y a la determinación de sus funciones dedicó el Gran Duque nada más y nada menos que la II Parte de la Cartilla de la Guardia Civil. 

Obligaciones de los Comandantes de Puesto. Cartilla de la Guardia Civil

Extracto del índice y de II Parte de la Cartilla de la Guardia Civil.

Así, tras desarrollar la primera Parte de la Cartilla, donde se establecían las “Prevenciones Generales para las obligaciones del Guardia Civil” el Duque de Ahumada determinó las funciones de los Comandantes de Puesto. Con ello dejaba vislumbrar el peso que tendría este cargo en la Guardia Civil y en el conjunto de la sociedad.

Los Primeros Comandantes de Puesto de la Guardia Civil.

Dichos cargos no se otorgaron a los empleos superiores que se nutrían en aquellos tiempos de clases medias y altas de la sociedad, sino más bien lo contrario. Los cargos de Comandante de Puesto o como también se les denomino en la propia Cartilla, los Jefes de Puesto, fueron conferidos a aquellos individuos que, siendo personas de humilde origen, habían destacado en su vida militar. 

Sargentos y Cabos de la Guardia Civil empezaron a ocupar tal trascendental misión en el Cuerpo. Eran hombres que por su sacrificio y abnegación merecieron pequeños ascensos que les llevaron a ocupar tal responsabilidad. Eran, por tanto, hombres forjados en la milicia, de humildes raíces, los que comenzaron a desarrollar en los dispersos cuarteles de España la misión de comandarlos. 

Componentes de un Puesto de la Guardia Civil

Comandante de Puesto y resto de componentes del Cuartel, durante el Régimen de Franco. 

Fue por tanto el Duque de Ahumada un hombre hábil y sutil en su tiempo, ya que su reglamentación interna desarrollada en la Cartilla del Guardia Civil inspiró la vocación de servicio del Cuerpo en lo más profundo de su ser. Los Puestos de la Guardia Civil eran lugares que requerían hombres fuertes y rudos. No era una responsabilidad sencilla lidiar en la España rural de aquellos años. Por ello, el colocar a estos individuos, procedentes en muchas ocasiones de las clases más bajas de la sociedad pero de acreditada valía y honra, allanó el camino y lleno de orgullo a sus protagonistas.

Dicha decisión fue, por tanto, clave para el fortalecimiento de la Institución. Alejando en ese momento histórico a flamantes oficiales, pero a su vez jóvenes e inexpertos individuos procedentes de familias acomodadas, salvo su obra. 

El Puesto de la Guardia Civil. Su despliegue por el territorio.

Volviendo a 1844, año de fundación de la Guardia Civil, debemos recordar que la España de entonces no era lo que se dice un vergel. La misión principal por la que se creaba la Guardia Civil era la de poner orden en los caminos y en los pueblos. El escenario era sinceramente desolador. Una España arruinada por continuas crisis políticas y cambios de régimen, con una oleografía irregular y unas nefastas comunicaciones. Pasto para el bandolerismo y el pillaje. La hambruna, las enfermedades y el analfabetismo llegaban a cotas indescriptibles.

Por ello, con los primeros despliegues de la Guardia Civil, se establecieron pequeños destacamentos de entre 4 y 11 individuos. Estos se ubicaban en lugares estratégicos como garantes de la seguridad y del orden. Poco a poco el Estado fue desplegando un sistema defensivo interior en todo el territorio nacional. El éxito de aquel despliegue inicial fue innegable. Allí donde se establecía un Puesto de la Guardia Civil, comandado por su Jefe de Puesto, impero la paz y la tranquilidad. 

Casa Cuartel de la Guardia Civil de Campillo de Adentro. Cartagena Murcia.

Casa-Cuartel de la Guardia Civil en Campillo de Adentro. Cartagena (Murcia)

No tardaron en reclamar todos los pueblos de España su Puesto de la Guardia Civil, ya que ello suponía una garantía absoluta de orden y de paz social. En aquellos lugares que se cerraba algún cuartel, atendiendo a razones logísticas o carencias económicas del momento, pronto eran reabiertos ante la presión fulminante que sufrían, de Alcaldes y jerarcas locales, los Gobernadores Políticos de las provincias afectadas. 

La cesión de instalaciones para ubicar los Puestos.

Fue tal el interés que despertó el Cuerpo en los pueblos limítrofes, que tanto los jerarcas, cuando no caciques, así como Alcaldes u otras personas de relevancia local, reclamaron insistentemente la presencia de la nueva fuerza pública en sus localidades, ofreciendo gratuitamente terrenos e incluso edificios enteros, con tal de que allí se instalase un destacamento de la Guardia Civil. 

Así, poco a poco y casi sin presupuesto, la Inspección General de la Guardia Civil desplego miles de destacamentos por todo el territorio nacional. Aún hoy es difícil encontrar un pueblo de la España profunda que no haya cedido un espacio para ubicar allí un Cuartel.

En algunos lugares era tal la necesidad de seguridad, que se ofrecía además, servicios esenciales que en aquella época no eran accesibles para todo el mundo. Así, miles de guardias civiles y sus familias pudieron disfrutar de asistencia médica o de la posibilidad de escolarizar a sus hijos, algo que por aquellos tiempos estaba reservado a las clases más pudientes.

El éxito de los Puestos. La Casa-Cuartel de la Guardia Civil.

El éxito de los Puestos radicaba en tres circunstancias. La primera, el pertenecer dichas unidades a una organización diseñada a la perfección. Una Institución que luchaba constantemente por mantener los principios de honor, disciplina y de amor al servicio. Esta vocación, inspirada en su Cartilla fundacional realizada por el Duque de Ahumada, hizo que sus integrantes se sintiesen orgullosos de su pertenencia al Cuerpo. 

La segunda razón fue el hecho de que los Puestos se configuraron como Casas-Cuartel, al ir junto a aquellos primeros individuos destinados, sus mujeres e hijos. Esa convivencia familiar humanizó hasta el extremo la vida misma en los cuarteles, en las que se mezclaba con el correr de los niños y la crianza y cuidado de los hogares de las madres, el compañerismo y el espíritu de servicio de los maridos y el honor y la disciplina de la Institución.

Casa Cuartel de la Guardia Civil

Finalmente y fruto de todo lo anterior, la tercera razón del éxito fue el conocimiento del territorio y de sus gentes. El hecho de vivir de forma permanente en el lugar, relacionarse con el pueblo al que se servía, ya no solo los individuos, sino las propias familias, creo vínculos imborrables aun hoy en la memoria de muchos españoles y como consecuencia de todo ello, sin quererlo o queriéndolo, el Duque de Ahumada creo el mayor servicio de información e inteligencia que ha existido nunca en España. 

Todo ello, junto con su principal protagonista, el Comandante de Puesto al mando, eslabón de unión entre la realidad de la sociedad española y la Institución que quiso una Reina para España. Fue cuestión de tiempo ver como poco a poco iba desapareciendo el bandolerismo, el pillaje y el desorden público. El sentimiento de impunidad se fue para no volver.

La convivencia en la Casa-Cuartel de la Guardia Civil.

No queremos contar aquí una historia idílica. La realidad interna de los Cuarteles fue muy difícil. Eran una constante las envidias, las discusiones por cosas menores (peleas de niños, uso de espacios comunes, etc) y los abusos por parte de algunos miembros del Cuerpo. Con razón o sin ella, al final, se imponía la disciplina militar, esencia del Cuerpo. No obstante y sin querer justificar las malas actitudes, la vida en sí, en aquella época, era dura en todos los estamentos y la Guardia Civil no iba a ser una excepción.

La vida en las Casas-Cuartel de la Guardia Civil

Guardias Civiles de un Puesto de la Guardia Civil, con sus familias

Esas dificultades, resultantes de una convivencia de familias sometidas a un duro régimen militar (al que estaban sometidos, de una forma u otra, todos los que residían en el Cuartel) también generó grandes amistades y actos de compañerismo.

Lo importante desde el punto de vista histórico es que al final, a pesar de todas esas dificultades que se dieron en lo que conocido como la “vida cuartelara” se produjo un milagro en España. En todos los rincones del país comenzó a reinar la paz. Aquella organización policial-militar nunca vista antes por su especial singularidad, había dado sus resultados.

Hoy la Guardia Civil, si bien mantiene su esencia con la existencia de Casas-Cuartel, no se producen mayores problemas en la convivencia, al existir un régimen interior claro y recursos suficientes para acudir a la Jerarquía del Cuerpo ante cualquier abuso.

las funciones del Comandante de Puesto en la Casa-Cuartel.

Según reza la Cartilla de la Guardia Civil es el Comandante de Puesto “el responsable de que los individuos que están a sus inmediatas ordenes, cumplan exactamente cuanto se les tiene prevenido”

El Comandante de Puesto es el alma de la Puesto hoy, ayer y mañana. Dirige las funciones policiales del Cuerpo en aquellas zonas rurales donde se ubica. Por otro lado, como responsable de la Casa-Cuartel, es el encargado de organizar los recursos materiales (pabellones, obras, vehículos oficiales, etc) y la propia vida en los mismos, estableciendo el Régimen Interior y supervisando su cumplimiento. 

Estas misiones vienen determinadas desde la misma fundación, a través de la ya citada Cartilla de la Guardia Civil. Por si no fuese poco, al tratarse, en la mayor parte de las ocasiones, del único representante del Estado en el territorio, se convierte en un referente social en las poblaciones donde mantiene su jurisdicción. 

Históricamente ha tenido el Jefe de Puesto un protagonismo crucial en las poblaciones rurales, si bien esta perdiendo parte de este, ante una sociedad más versátil y dinámica. 

Comandante de Puesto de Morón de la Frontera. Sevilla.

Comandante de Puesto de la Guardia Civil de Morón de la Frontera. Sevilla.

La Dirección General de la Guardia Civil es conocedora de la importancia de esta figura como elemento vertebrador del Cuerpo y de la propia sociedad española. Por ello, en distintas ocasiones, distintos Generales, continuadores de la gran obra del Duque de Ahumada, han impulsado la labor y las funciones del Comandante de Puesto a través de distintas instrucciones y orientaciones para el servicio.

Tanta repercusión tuvo dicha figura en la Institución, que todavía hoy, tras casi dos siglos de andadura, sigue siendo uno de los tres Pilares sobre el que se sustenta la Benemérita. (la Cartilla de la Guardia Civil, la Virgen del Pilar y el Comandante de Puesto)

Comandantes de Puestos que han hecho Historia.

No ha sido la Guardia Civil una Institución que se dedique a hacer pompa de sus individuos. Muy al contrario y tratándose sus protagonistas de gentes sencillas y de humilde cuna, han pasado desapercibidos al ojo de la historia. 

Con ello se cumplía aquello que requería el Duque de Ahumada, plasmado en el artículo 7 de la Cartilla de la Guardia Civil Cuando tenga la suerte de prestar algún servicio importante, si el agradecimiento le ofrece alguna retribución, nunca debe admitirla. El Guardia Civil no hace más que cumplir con su deber, y si algo debe esperar de aquel a quien ha favorecido, debe ser sólo un recuerdo de gratitud. Este desinterés le llenará de orgullo, le granjeará el aprecio de todos, y muy particularmente la estimación de sus Jefes, allanándole el camino para sus ascensos”.

Comandante de Puesto de Dolores. Cuba 1895.

Guardia Civil D. Cándido Santa Eulalia, Comandante de Puesto de Dolores. Cuba 1895.

No obstante, como las meigas, haberlas haylas, como fue el caso del Guardia Civil Cándido Santa Eulalia, y de muchos otros que se mostraron dignos de llevar el honroso uniforme que se les entregó. Curioso Cuerpo este, el de la Guardia Civil, que es más venerado por aquellos que pudiesen parecer sus enemigos que por aquellos otros que se muestran como amigos. Y es que la Historia tiene esas cosas cuando sus protagonistas son hombres rudos pero honrados.

La Guardia Civil escribe su Historia de forma silenciosa y casi siempre, silenciada. Somos muchos los que conocemos bien la labor de todos esos hombres y mujeres que forman el Cuerpo y que a lo largo y ancho de España, han realizado y realizan aún, los mejores servicios a la Patria. A todos ellos precisamente va dedicado este artículo. 

brigada Jorge García (Cartagena)

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